Aquella mañana decidieron, como tantas otras (buscando romper de alguna manera con la rutina diaria), salir a caminar por las laderas de aquel cañadón de altas paredes de roca, que protegían el lecho de un río seco. Todo estaba medianamente organizado debido a la corta distancia del recorrido. El lugar había sido mencionado días atrás por un cliente, en el trabajo de uno de los futuros caminantes, quienes lo buscaron posteriormente en un sitio de internet, de donde consiguieron también, el número de contacto del lugareño, propietario de esas tierras.